Todos sabemos que el ser modelo a seguir es una parte importante de ser padres. Como madre de dos Vanessa D. se pregunta: “No sé cómo decirle a mi hija que ella no puede gritarme a mí cuando me enojo con ella por algo que no debía hacer. Necesito ayuda. ¿Alguien tiene alguna otra manera de enseñarle a no gritar de nuevo?”

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La situación de Vanessa es muy común. Su hija se comporta exactamente de la forma en que percibe a su madre que está actuando hacia ella. La hija de Vanessa le grita a su madre para tratar de lograr que su mamá deje de gritarle a ella. El razonamiento detrás de este comportamiento es muy común en el infante.

Los siguientes consejos pueden ayudar a Vanessa (y a ti) a desbloquear sus gritos, lo que le permitirá dar el mensaje a su hija de: “He dejado de gritar y me gustaría que dejes de gritar tu también”.

Gritar sucede en la mayoría de las familias en un momento u otro. La mayoría de los padres racionalizan diciendo, simplemente estoy expresando que: “Yo digo lo que quiero decir, y quiero decir lo que digo!”

Hay dos grandes problemas con los gritos. La primera es que hay una muy buena oportunidad que tu hijo no escuche una palabra de lo que quisiste decir cuando estás gritando. El segundo problema es que gritar puede causar un gran daño emocional a un niño en la autoestima si el padre está gritando, siendo malo, o atacando el carácter de un niño.

La mayoría de los padres piensan que entre más fuerte se escuchen, más firmes aparentan hacia sus hijos. En realidad, lo contrario es cierto.

Cuanto más gritas, menos te escucha tu hijo. ¿Por qué?

Los niños tienden a retirarse un poco para soportar la intensidad de tus gritos. Vigila a tu hijo la próxima vez que gritas y verás como torna su atención para retraerse dentro de sí misma durante un minuto más o menos para protegerse de la embestida, en lugar de escucharte. Lo que hace después de que dejas de gritar, como llorar, gritarte de regreso o la creación de más mal comportamiento es otro tema por completo.

Su hijo no puede escuchar tus palabras y emocionalmente protegerse de tus gritos, al mismo tiempo. Algo tiene que ceder. Así que ella hace caso omiso de lo que estás diciendo a favor de su seguridad emocional.

Así que la próxima vez que digas a tu hijo: “Escúchame ahora, te estoy hablando a ti”, date cuenta si estás o no estás gritando. Seguro tendrás una mejor oportunidad de su audición si realmente estás más tranquilo y permites que tu hijo escuche en lugar de protegerse de tus gritos.